Carta a Mateo (el primer día de escuela)

Mateo:

Hoy, como muchos otros niños, fuiste por primera vez a la escuela. Y sí, Mateo, tu mamá la aprehesiva, la posesiva, la “chipilona”(como a algunos les parece que soy), se acostó muy tarde una noche antes por hornearte las galletas de avena que te ibas a llevar de lonche y se despertó muy temprano en la mañana a prepararte el desayuno y todo lo demás.

Según yo intentaba hacerme la fuerte para transmitirte valor y tranquilidad ante la nueva experiencia, pero, Mateo, de nuevo y como tantas veces fuiste tú el que me puso el ejemplo a mí. Hoy más que nunca estoy convencida de que no estoy en tu vida para educarte, ni para criarte, estoy para acompañarte incondicionalmente y esa es, a final de cuentas, la mejor forma de educar y de criar.

Mateo, yo también fui a la escuela, pero tú has sido mi mejor maestro, el más grande, el más entrañable. Basta recordar cómo han sido estos casi cuatro años que hemos estado juntos en casa, las noches, las mañanas, los cuentos, los juegos, las palabras, los besos, los abrazos, las caricias, tus enojos, los míos, tu llanto, el mío, las carcajadas, los rayones en  las paredes, tus manos moradas pintadas en la cochera, el gato con botas que dibujé para ti, los juegos de mesa que más te gustan, la leche de coco que te encanta, Rogelito, tu triciclo…

¿Que si lloré hoy? Sí, lo hice. Traté de disimularlo pero tu papá y tu nana Juany se dieron cuenta, así que al final no pude hacerlo en secreto. No se puede disimular muy bien un sentimiento que nace en las entrañas, en estas entrañas que te gestaron y que te dieron vida. No es drama sólo porque sí, es que hemos estado estos años tan juntos el uno del otro, he estado en todos tus avances, tus retrocesos, has sido una presencia constante en mi vida, una presencia que trastocó hasta el último rincón de mi humanidad y de mi femineidad. No es sólo aprehensión o posesión, es naturaleza, es el apego, es a final de cuentas temor, temor de que me necesites y no estar cerca para acompañarte, por primera vez.

Esta es una experiencia que has estado esperando durante meses y vamos vivirla juntos, quiero la disfrutes, que veas si es para  ti o no, porque me queda claro que no es la única opción, pero de momento, vamos por partes. Ojalá encuentres muchos amigos y amigas, que les platiques sobre la araña radioactiva que picó a Peter Parker, sobre las vacas y las gallinas de tus abuelos, que les cuentes sobre Max y su barco particular, que los domingos vas a la iglesia, que tu hermana Muriel tiene el sí volteado y que te gusta mucho la avena. Ojalá tu maestra se gane tu cariño.

Recordaré por siempre el verte entrar al salón de clases y cómo fuiste a guardar tu mochila con las demás, como veías las paredes del salón con todos los dibujos y materiales que había ahí, la tranquilidad con la que te despediste de mí y la sonrisa con la que saliste del salón cuando fui a recogerte. Recordaré las galletas que horneé para ti y el trastecito con mango que puse en tu mochila.

Mateo, mi hijo el riguroso, el perfeccionista, el que disfruta la exactitud pero que nunca sabe dónde están sus zapatos; el que siempre está ávido de que le leamos un cuento o le contemos una historia “sin libro”, dices tú; al que le encantaría trepar por las paredes y tener lanza telarañas en las muñecas como Spiderman.

Mateo, eres el mejor de mis maestros.

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4 comentarios en “Carta a Mateo (el primer día de escuela)

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